Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Nuevos rumbos

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Hay cosas que, cuando se acaban, se acaban.

Lo había sentido durante las semanas anteriores y hoy se ha confirmado explícitamente. Así debe ser.

Poco a poco, esta muerte y renacimiento se van extendiendo por cada átomo que creé, como una onda en el agua.

Algo estaba notando. Esta mañana me avisaron mis dedos, cada vez que los movía. Llega el momento del cambio de piel.

Fueron años maravillosos, y una preciosa creación. Un profundo sentimiento de amor que rebosa por cada rincón de mi hogar. Hace ya un año que todo se lavó, se limpió. Al secarse, dejó impregnada sólo la fragancia de dos ángeles. Es tiempo de marchar.

Hoy mis dedos me avisan, como ya lo lleva haciendo un tiempo mi corazón. Y ella me dice que esté tranquila, y así estoy. Confío en ella… y en mí.

Mi maleta está vacía. Y yo, impregnada de agradecimiento y amor hacia lo vivido, que ya volvió al lugar de donde partió.

El mundo gira. Esta vez, me voy con él.

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