Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Vaciar la maleta

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Las cosas son sencillas desde aquí.

Sólo a veces, estando el mar en calma, parece que creamos el oleaje en el interior, como si no pudiéramos concebir el mar sin las olas.

Hace un momento ha vuelto a visitarme. Al parar el ruido exterior. Parece que hubiera estado esperando. La he notado todo el día.

¿Cuánto de lo que has hecho hoy te ha llenado realmente?, pregunta.

Es como si hubiera estado en un sueño, una búsqueda incesante, y sólo ahora despertara.

Anoche soñé que volvía. Y, aún así, recordaba quién soy y lo que hago ahora. Ya no podía ser igual. Tomaba mis cosas y me iba. De nuevo.

Cuántos sueños me recuerdan mi salto…

¿Cuánto he hecho hoy que me ha llenado? Todo.

No sé para qué sirve realmente, pero sí sé que sigo lo que ella me va mostrando.

Y, cada noche, con mis cartas, vuelvo a recordar dónde y cómo deseo ir.

Hay que volver a vaciar la maleta de vez en cuando.

¿Qué imagen tengo ahora de mí y de lo que hago? He de mirar…

Vendrán bien 2 días de descanso.

Deseo recordar el mar.

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