Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Para oír no es necesario esforzarse, sólo limpiar el ruido

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Querido amigo, tal como quedé, hoy he ido de visita.

Aún me sorprende cómo parecen abrirse los sentidos en su presencia.

El paseo, con doble hilera a cada lado, cientos de años de vida, y una energía que te envuelve, te llena y te ayuda a expandirte.

Sus voces se oían claramente. No era un mensaje de palabra, sino una vibración, calor, alegría… Una extensión del corazón formando una gran esfera alrededor.

Soy tan feliz entre los árboles… Casi me atrevo a decir que más que con muchas personas. Ellas son luz también, lo sé, y todos jugamos a este juego de la vida, la experimentación y la búsqueda. Ellos, por otro lado, para mí son aire fresco, literalmente.

Son transparentes, naturales, sinceros y directos. El reflejo de nuestra pureza y sabiduría. La voz de nuestro interior.

El mensaje de hoy ha sido claro. Cada vez los oigo con más nitidez, con más facilidad, a ellos y a todo lo demás.

No era un mensaje en sí, era una muestra de lo mucho que han cambiado las cosas. Era un reconocimiento. Una toma de conciencia de la limpieza que había alrededor.

Ya no hay ruido. Ahora los oigo sin esfuerzo. A ellos y a todo lo demás.

La llamada era para poder observar lo que ya no hay, para poder disfrutar del vacío, al darme cuenta de lo limpios que llegan los mensajes cuando es el momento, pues ya no hay interferencias.

“Esto es lo que has logrado. No ves nada, porque no hay nada. Pero cuando lo haya, lo verás. Ahora, sólo disfruta de escuchar tus bosques.”

Y así es, esté donde esté, los oigo.

Querido amigo, sólo hemos de elegir una forma de vernos, nada más. Lo demás, cambia por sí solo, si lo dejamos libre.

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