Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Respira

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Querido amigo, hay sorpresas que llegan sin esperarlas. Un pequeño gesto puede ser suficiente, si está hecho con cariño.

Cada uno de nuestros contactos lleva emociones, sentimientos, atención o indiferencia.

Cada mensaje lleva una firma energética.

No somos magos, somos, simplemente, observadores, y nuestros sentidos, todos ellos, pueden detectar hasta los más pequeños indicios.

Si te paras un momento y, simplemente, dejas que las cosas sean, respiras, escuchas con todo el cuerpo, sin forzarlo, sólo respirando con suavidad, pausadamente, a tu ritmo, puedes notar todo ese flujo de energía que se mueve a tu alrededor, como en un mar de ondas.

Tienes la capacidad de percibir todo lo que hay a tu alrededor. Puedes oír hasta el silencio.

¿Has intentado alguna vez dedicarte, aunque sea, sólo 5 minutos? Dedicarlos sólo a escuchar, a sentir, a respirar…

Para por unos instantes lo que estás haciendo, en lo que estás pensando, el siguiente problema a resolver, y sólo respira.

Deja que tu sensación te llene. Deja que se extienda.

Respira.

Es un regalo.

Ábrete al regalo que este día tiene para ti.

Me dijeron que podría volver a encontrarlos en esa calma.

Cuando estoy frente al mar, mi respiración se sincroniza con las olas.

Aquí, puedo cerrar los ojos  y volver frente a él. Entonces es cuando los oigo.

Todos podemos. Tan sólo hay que soltar, dejar que las cosas sean solas, y respirar.

Hoy me dicen que lo que estoy haciendo tiene más relevancia de la que pueda parecer externamente. Que las pequeñas cosas son vehículos para poner en práctica, para traer al mundo material lo que generamos en el espacio sutil.

Me muestran como, en ocasiones, lo que nos ocurre es que nos apegamos tanto a esas pequeñas cosas que perdemos un poco el norte. Pero no importa, me dicen, siempre habrá una nueva oportunidad.

Me dicen que todo va bien, que tengo muy presente el sentimiento. Que a ratos me desvío, pero que he aprendido a escuchar y, en seguida, me doy cuenta de que algo no encaja y lo veo. Es mi GPS.

Me dicen que me tome esos momentos, esos 5 minutos. Que puedo detectar lo importante del día y recuperar el sentido para el siguiente. Que mi corazón está, cada vez, más abierto. Que vuelva a aligerar el equipaje.

Que ahora es más fácil ver la importancia de las pequeñas cosas y todo lo que, en realidad, se mueve detrás.

Que no importa la acción, sólo lo que pongo en ella.

Y que me reconecte conmigo.

Respira.

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