Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Aprender de nuevo a jugar

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Querido amigo, estos son tiempos curiosos…

En mis últimas cartas te comenté que me dirigía a verlos, y a verla a ella. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, pero en el lugar en que me encontraba escribir un mensaje en una botella carecía de sentido.

Sé que te llegaron mis otros mensajes, esos que van por la vía del corazón, y me alegro por ello. Quizá en adelante sea un poco de cada, pues ya sabes a dónde nos dirigimos.

Separamos la unidad para observarla, para reconocernos en cada parte.

Creamos el mecanismo del olvido para aparentar esa separación y, con ese olvido, empezamos a creer que sólo una de ellas es real, a darle significado a lo que es y a lo que creemos que no es.

El mismo significado de realidad e irrealidad los separa en nuestra percepción.

Estos días la realidad y la irrealidad se han hecho más visibles que nunca.

Y ¿qué es lo que las unía, lo que hacía que ambas estuvieran ahí? Yo.

¿Has visto esas proyecciones holográficas en que parece que todo el mundo se proyecta a tu alrededor? Así es, sólo que el componente principal no es sólo lo que ves, también es lo que sientes por el significado que le das a todo ello.

Mundo extraño cuando lo ves todo a la vez y aparentemente separado.

Más extraño aún cuando lo sientes.

Y, sin embargo, esto es lo que vemos como normal.

Pero nuestra mente humana está diseñada para observar lo parcial. Algo había que crear para obtener la información.

Y a veces entra en un bucle, lo sé… es parte del juego.

Hasta que vuelve a darse cuenta de que no sólo contenemos cada parte, sino que estamos en cada parte.

Entonces, todas se vuelven igual de posibles, igual de reales.

A cada paso, descubres qué quedaba aún en tu maleta.

A cada paso, aprendes de nuevo a jugar.

A cada paso, recuerdas cómo volar.

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