Nada en la Maleta

Aprendiendo a vivir

Desde aquí, yo sólo veo luz

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Poco a poco, se van desmontando los patrones de pensamiento.

Después de miles de años, ¿has aprendido a vivir?

Hay una luz en el interior, una semilla, rodeada del calor de la sabiduría, al resguardo. Vas ampliando su espacio a medida que sanas las heridas.

Puedes caminar sola. Ya lo viste. Tus sueños te lo mostraron. Y quienes han elegido vías distintas tienen también su propio idioma, su propia visión, y su propio ritmo para comprender. ¿Recuerdas lo que viste tú?

Yo hoy no veo el mar, pero oigo el agua caer sobre los árboles, detrás de las ventanas.

Cambian los patrones de pensamiento y las palabras no parecen fluir igual. Están a trozos, como entrecortadas, ideas mezcladas que salen disparadas al abrir el cofre que custodia la semilla. El mismo cofre, hecho de esas ideas, y las nuevas que se van formando, y se sueltan, como hilos, y va desapareciendo.

Miles de años, y cada vez vuelves a conseguirlo.

¿Qué regalo más hermoso hay que el de aprender de nuevo a vivir?

La vida no se compone de situaciones felices o tristes, la vida eres tú, y tú vives tus sentimientos.

Hermosos son, todos ellos.

¿Cómo vivir? Aún estamos aprendiendo.

Vivir es vivir. Es lo que haces a cada momento. Dentro, fuera, siempre lo has estado haciendo.

No buscas vivir, eso ya lo haces, no puedes dejar de hacerlo. Lo que estás aprendiendo es a ser consciente de tu vida, más, incluso, de lo que ya eras antes, y era mucho.

Ser consciente de aquello que aún no comprendías, que no asociabas contigo, porque no recordabas cómo te reflejas en todo, que todo eres tú.

Contempla tu grandeza.

Tus ideas tratan de expresar lo que has visto, sí, y aunque no lo has visto todo, esa pequeña parte es aún más grande de lo que las palabras pueden contener.

Sientes la hermosura del propio sentir, incluso si es tristeza, incluso si es vacío, incluso si es soledad. Has abierto las puertas para poder mirar todo lo que eres, para aceptarlo todo, con infinito amor.

Has ido acostumbrando tus ojos para poder verte, fuera lo que fuera lo que encontraras.

Has vaciado tu alma y has aligerado la carga. Has aprendido a soltar.

Fue lo que más tiempo te llevó descubrir. “Soltar… ¿qué es lo que tengo que soltar?”, decías, “quiero hacerlo, lo que sea necesario, pero no sé qué más falta por soltar”.

Ahora sabes qué hacer cuando vuelves a sentir algún peso en tu maleta.

Querida amiga, es siempre un placer volver a saber de ti. Sea lo que sea lo que tengas que contar. Un honor que me invites a conocer tu camino, lo que vas desvelando día a día. Un regalo que pienso aprovechar.

Querida amiga, sigue enviando tus cartas. Sea lo que sea que estás viendo, desde aquí, todo se ve lleno de luz.

3 Comentarios

  1. Qué hermoso Marga, muchas gracias por tu gran calidez, por tu tiempo y la sonrisa amistosa y comprensiva que la imagino al saber sobre esos paquetes que aún quedan en la maleta o en la mochila de quienes te compartimos nuestras vivencias. Mil bendiciones por tu luz. Saludos.

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